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Pagar o no pagar

El rotundo impacto que la crisis económica y la pésima gestión política han tenido en todos los sectores se ha cebado especialmente con los profesionales de la arquitectura. A la impresión que supuso conocer el borrador de la nueva Ley de Colegios y Servicios Profesionales (LSP), que prevé que todos los ingenieros puedan firmar y construir cualquier tipo de edificio sin tener la formación adecuada para ello, se suma el creciente número de fechorías cometidas por los ayuntamientos, especialmente el de Madrid (el Museo MAADU, la torre frente al Matadero, la nueva Plaza de la Cebada…), que convierten la arquitectura en la profesión más castigada del momento.

Los estudiantes que ahora están a punto de convertirse en arquitectos comenzaron su carrera en los años 2007 y 2008, en pleno fervor de la burbuja inmobiliaria, y se prometían un futuro laboral muy feliz porque ser arquitecto garantizaba entonces una razonable posición socioeconómica. Han superado seis años de una carrera muy intensa, en la que se les ha exigido una nota de corte muy alta para entrar y se les ha demandado lo mejor de sí mismos, para terminar y encontrarse con las manos vacías. La mayor parte de ellos está alargando su proyecto final de carrera, conscientes de la inestabilidad con la que afrontan su futuro. Ninguna otra profesión se ha devaluado tanto en cinco años y, a consecuencia de ello, los arquitectos están aplicando en su vida personal la pasión frustrada de su carrera.

Víctimas del peor mercado laboral de las últimas décadas, los estudiantes y recién graduados están dando sus primeros pasos profesionales mediante prácticas no remuneradas, un ejercicio que se está volviendo habitual, especialmente en los diferentes ámbitos del diseño. Nadie lleva la cuenta de las prácticas de este tipo que se llevan a cabo pero hay evidencia de que se están multiplicando, alimentadas por el ansia de reducir costes de los empresarios y el deseo de obtener experiencia de los estudiantes y los recién licenciados.

En España el término becario es ambiguo y no está regulado en ninguna legislación. En un país con un 57% de desempleo juvenil (cifra que se dispara en el caso de los arquitectos), los estudiantes están recurriendo a estos trabajos con la esperanza de que sirvan de ayuda para encontrar empleo en el futuro. Sin embargo, hay muchos estudiantes que no pueden permitirse realizar prácticas no remuneradas porque tienen que trabajar en otros sectores para ayudar a sus familias, lo cual los hace menos competitivos para futuras ofertas laborales. Al mismo tiempo, existen muchas empresas que se están aprovechando de la debilidad del mercado para colocar a becarios que desempeñan las mismas labores que deberían hacer los trabajadores regulares. Ofertan prácticas sin advertir que no son pagadas e ignorando que el diseño y la creatividad llevan trabajo y esfuerzo y merecen un precio equitativo, así como que cualquier persona con un horario de trabajo y que esté desempeñando tareas que contribuyen al valor de una organización es trabajadora y debería estar sujeta al salario mínimo.

A esta situación se añade que en la mayor parte de los países europeos es imprescindible realizar prácticas durante un periodo mínimo de veinticuatro meses antes de obtener el título. En Reino Unido es legal no pagar a los estudiantes que trabajen durante menos de tres meses pero, según el Royal Institute of British Architects (RIBA), “no es una buena práctica porque devalúa la profesión y tratar a los estudiantes de esta forma degrada a los arquitectos”. Antes de aceptar cualquier práctica en un estudio implicado en RIBA, es obligatorio que el empleador firme una declaración asegurando que los estudiantes recibirán al menos el salario mínimo durante las prácticas.

La Asamblea Nacional Francesa ha aprobado el pasado mes de mayo una ley que prohíbe las prácticas no remuneradas y fija el salario mínimo para becarios en 436€ al mes, sin importar cual sea la duración de las prácticas e independientemente del sector en el que se realicen, el tipo de compañía y si es pública o privada. La misma ley subraya que los trabajadores en prácticas no deben reemplazar a los trabajadores de la plantilla y que su formación a cargo de la empresa debe estar garantizada. El gobierno del socialista Francoise Hollande ha sido el principal opositor a esta nueva ley, puesto que la mayor parte de los becarios en Francia pertenecen al sector sanitario, lo cual incrementará el gasto público y tendrá consecuencias directas en el déficit francés.

En Estados Unidos, donde existe incluso una plataforma de apoyo a los becarios, sólo el 30% de los estudiantes realiza prácticas no remuneradas e incluso se ha multado a las empresas, algo que en España actualmente parece imposible. En un país donde se ha llegado a desestimar una denuncia de acoso sexual realizada por una becaria por no ser una empleada, el Departamento de Trabajo ha advertido que las prácticas deben ser un entrenamiento similar al universitario, que el becario en ningún caso debe desplazar a los trabajadores regulares y que el empleador no debe recibir beneficios directos de sus actividades. El American Institute of Architects (AIA) también ha dirigido una carta a sus miembros recordándoles que no es ético y que posiblemente sea ilegal explotar a los trabajadores.

SHoP Architects, un estudio ubicado en Nueva York, anuncia sus prácticas de la siguiente manera: “Nuestro criterio de contratación selecciona a estudiantes de las mejores universidades del mundo, que traen consigo una experiencia e ideas impagables. Valoramos nuestro talentoso, diverso y brillante equipo y estamos orgullosos de compensarles su trabajo con un salario que les permita vivir dignamente en Nueva York, así como una VISA de trabajo y un seguro médico. Creemos en un equipo feliz y sano y estamos orgullosos de poder proveerles con los beneficios que merecen”.

No obstante, no todos los países protegen a sus becarios. Sou Fujimoto, destacado arquitecto japonés y autor del pabellón de la Serpentine Gallery de Londres este año, se ha unido a la polémica al afirmar que las prácticas no remuneradas son una buena oportunidad tanto para los estudiantes como para los empleadores. “En Japón tenemos una larga trayectoria de prácticas y normalmente los estudiantes trabajan gratis durante varios periodos. Los becarios realizan maquetas muy hermosas y algunas veces, si se quedan por un periodo largo de por ejemplo seis meses, pueden involucrarse con profundidad en un proyecto”. Concluye diciendo que “son de gran ayuda” y que “si tuviéramos que pagar a todos los becarios definitivamente tendríamos que limitar el número y no podríamos ofrecer esta oportunidad a tantos estudiantes y gente joven para obtener experiencia”.

La arquitectura japonesa está entre las mejores valoradas del mundo, tanto por la calidad de la construcción como por la desnudez ornamental con la que sus arquitectos afrontan los proyectos. Entre sus profesionales están algunos de los más reputados del mundo (Tadao Ando, Kisho Kurokawa, Kengo Kuma, Kenzo Tange, SANAA, Shigeru Ban, el mismo Fujimoto y el premio Pritzker de este año, Toyo Ito) y por ello las prácticas en estudios japoneses son habituales entre los estudiantes y graduados internacionales, a los que frecuentemente no se ofrece ninguna ayuda financiera para el viaje o alojamiento y de los que se espera que realicen los trámites burocráticos por su cuenta. También se espera de ellos que trabajen durante el mismo horario que los trabajadores laborales, con jornadas que en cantidad de estudios comienzan a las nueve de la mañana y terminan a medianoche.

Guillermo Aroca es estudiante de arquitectura y actualmente está desarrollando su proyecto de final de carrera. Ha trabajado en dos empresas diferentes durante un periodo total de nueve meses y en ningún caso ha recibido retribución por ello. Este verano ha sido incapaz de encontrar prácticas remuneradas y ha rechazado varias ofertas para hacer prácticas sin cobrar por ello.