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Todos sabemos que nuestros cadáveres exquisitos no beberán vinos nuevos

A menudo no somos conscientes. O quizá no queremos serlo… Pero las hojas del calendario salen volando y las estaciones se pasean delante de las ventanas, apurando el tiempo de los que habitamos este mundo de locos. A veces no nos damos o no queremos darnos cuenta de que el tiempo transcurre y baila alrededor de nuestro cuerpo, haciéndonos girar en danzas que alteran nuestros océanos personales, nuestros continentes, nuestros contenidos.

El tiempo pasa y no hace falta que nadie se ponga el dedo en los labios para acallar que somos seres cambiantes. No es necesario porque no es un secreto. No es un secreto que seguimos creciendo, que a menudo menguamos, que hoy echamos de menos ver estrellas en los cielos de las ciudades y mañana estamos echando de menos ver las luces de las capitales. Por la mañana nos levantamos queriendo desayunarnos el mundo y por la noche nos arropamos, agarrando las sábanas, usándolas de protección, con temor a que sea el mundo el que se nos cene a nosotros.

Ya nunca volvemos a ser los mismos después de leer un libro, después de ver una película, después de escuchar una canción. ¿Hay alguien que haya permanecido impasible tras escuchar la guinda del ‘nobody is perfect’ que nos regaló Billy Wilder? ¿Hay alguien que se haya mantenido indiferente ante la degradación del retrato que nos pintó con sus palabras de colores Oscar Wilde? ¿Hay alguien que haya quedado impertérrito después de escuchar los coros celestiales de ‘you can´t always get what you want’?

El tiempo pasa, continuamos arrugándonos y todos sabemos que nuestros cadáveres exquisitos no beberán vinos nuevos. Engordaremos, adelgazaremos. Bañaremos la piel en tinta, perforaremos nuestras carnes. Dejaremos que crezcan nuestros pelos, los arrancaremos. Cambiaremos de opinión una y mil veces. Sucumbiremos a estilos diferentes, renegaremos de ellos. No tendremos que convertirnos en cucarachas aunque, a veces, tocaremos bajos fondos. Ni será necesario que vayamos por la vida siendo unos capullos para terminar mutando en mariposas. El cambio es inevitable, todos somos permeables a energías externas. Y más aún a las internas. Bienvenidos al pan que comemos cada día desde que vimos la luz de este mundo de locos cambiantes. ¡Bienvenidos a la metamorfosis! No os neguéis, no hay remedio. Así somos y así seremos.

Texto: Roberto Silván

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Fotografías: Biel Capllonch, Asger Carlsen, Kimiko Yoshida y Levi Van Veluw