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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

Queridos lectores

El equipo de DOZE Magazine, tras cuatro años y medio en el sector editorial, se despide de todos vosotros entre sonrisas y lágrimas. Lágrimas porque dejamos de informaros diariamente y sonrisas porque esta experiencia ha sido una de las más gratificantes de nuestras vidas.

Corren tiempos difíciles y las oportunidades para seguir a flote son tan escasas que hemos decidido paralizar este proyecto para embarcarnos en otros cuya viabilidad sea, valga la redundancia, viable.

Queremos agradecer a nuestros lectores el apoyo incondicional y el cariño con el que nos habéis arropado durante todo este tiempo, y a todos los profesionales que han hecho de DOZE un medio de información cultural de calidad. 

 

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Pudridero: el mundo torcido de Johnny Ryan

Quien escribe estas líneas nunca tuvo intención de reseñar Pudridero, el tebeo de Johnny Ryan que Entrecómics y Fulgencio Pimentel han publicado recientemente en España. La idea desde el primer momento era concertar una entrevista con el autor, a fin de que este pudiera explicar el proceso creativo de una obra salvaje, visceral, sugerente y, ante todo, tremendamente divertida.

Tras las gestiones oportunas, Ryan (Boston, Estados Unidos, 1970) se avino a contestar un cuestionario que no vamos a reproducir por respeto al lector. Baste como ejemplo su respuesta a una de las preguntas planteadas:

-          ¿Qué significa para ti la palabra “tabú”?

-          Una película de los setenta en la que un tío se folla a su madre.

En honor a la verdad, la contestación no deja de ser acertada, ya que Taboo es un título mítico del cine porno. La trama (si se puede llamar así) está protagonizada por Kay Parker, una madre fogosa que decide espabilar a su hijo, interpretado por Mike Ranger, a base de polvos que se suceden en distintas habitaciones del hogar familiar. Pero este no es el caso que nos ocupa.

Parafraseando a un experto comiquero, “a Ryan se la pela todo lo que sea relacionarse con el mundo como un ser humano”. Más de uno pensará que se trata de una frase vacía, de esas que se dicen en un momento de cabreo, pero nada más lejos de la realidad. Pensemos brevemente en algunos de los tebeos publicados por Ryan, como Juventud cabreada, donde los personajes se encuentran en el mismo grado de evolución que Beavis y Butthead. O Blecky Yuckerella, cuya figura principal es una niña apestosa, desagradable y con una barba de tres días que ya querrían para sí muchos hombres adultos. Tampoco conviene olvidar The comic book holocaust, donde el dibujante se mofa de todos los grandes títulos de la historieta, o War+Penis, en el que despliega un ameno catálogo de insultos internacionales (los franceses son su diana favorita).

Carantigua, protagonista de Pudridero, junto a uno de sus desdichados oponentes

En lo que respecta a Pudridero, podríamos definirlo como un cómic de hostias sin fin, pero la sinopsis quedaría algo coja. Hay tortas como panes y en abundancia, sí, pero la historia de Carantigua da para mucho más. ¿Viaje iniciático? ¿Epopeya descerebrada? Todo es opinable, pero casi se podría decir que el protagonista, un delincuente espacial al que encierran en un planeta infestado de monstruos asesinos, es la versión chunga de Ulises en busca de su Ítaca particular. Y vale, entre medias hay un montón de sangre, cagarros monumentales, tripas desparramadas y autofelaciones con bichos raros que se adhieren a miembros mutilados del cuerpo, pero eso no desmerece el carácter épico de una aventura que, por otro lado, resulta de lo más entretenida.

En todos y cada uno de los trabajos señalados, el autor juega con la idea de personajes inadaptados, marginales, extremos, faltos de toda clase de habilidades sociales. Tampoco las echan de menos, sino que viven cómodos en esta suerte de ignorancia relacional. Ellos son los buenos y actúan de forma sincera. Sólo quieren que los quieran, pero el mundo está planteado desde una óptica completamente errónea y torcida, incapaz de asimilar a los que piensan por su cuenta, al margen de toda clase de convencionalismos.

Aunque suene obvio, el otro eje sobre el que Ryan vertebra sus historias es la mala uva. No hay límites para la ofensa ni para el humor cruel. Mejor cuanto más gratuito, y si hay que matar al presidente con un pene-bala, pues se mata al presidente con un pene-bala. ¿Hemos dicho que ese mandatario guarda un fuerte parecido con John Fitzgerald Kennedy? Ahí reside la gracia del asunto, en destrozar todas aquellas salvaguardas que se interponen entre la sociedad, la risa y el mal gusto. Si el humor es igual a tragedia más tiempo, Ryan trata de acortar los plazos en la medida de lo posible.

Se suele decir que todos los autores, en mayor o menor medida, ponen algo de sí mismos en sus diferentes trabajos. Por supuesto, no vamos a señalar que esto también sucede en el caso de Ryan. Nadie (o casi nadie) es tan estúpido comoSignus O’Gynus, tan asqueroso como Blecky o tan inhumano como Carantigua. Lo más probable, y retomando la cuestión de la malograda entrevista, es que Ryan intente transmitir una imagen personal que se ajuste a sus creaciones. La mujer del César debía ser honesta y, además, parecerlo, mientras que este autor, de igual forma, probablemente considere que debe hacer honor a su manifiesta incorrección política.

Texto: Julio Soria