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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Más de lo mismo, por favor

Con escasas excepciones, y más allá de lo que el lector pudiera imaginarse, reseñar un nuevo trabajo de Daniel Clowes (Chicago, 1961) encierra una enorme complejidad. No es que falten detalles jugosos acerca de su biografía artística, profundas reflexiones sobre la manera en que sus cómics han influido a una generación entera de dibujantes o referencias a sus escarceos con el mundo del cine. De hecho, bastaría una breve sinopsis y cuatro anécdotas escogidas para que este texto quedara despachado en menos que canta un gallo.

El principal problema de Clowes, o mejor aún, de los que se dedican a escribir sobre Clowes, es que siempre deja en el plumilla una extraña sensación de déjà écrit. No por las tramas de sus diferentes historias, que más o menos acertadas, siempre resultan originales. Tampoco por sus constantes piruetas narrativas o por esa capacidad que ha desarrollado para conseguir que sus personajes se salgan de la viñeta, de tan reales que parecen en la gran mayoría de ocasiones. El meollo de la cuestión reside, finalmente, en la propuesta temática, porque Clowes siempre habla de lo mismo, pero nunca de la misma forma.

¿Y de qué tratan los cómics del autor estadounidense? Versión breve: de perdedores. Versión extendida: de personajes marginales, con un manifiesto subdesarrollo emocional y relacional, miembros traumatizados de familias disfuncionales, acomplejados sexuales, inseguros patológicos y, en algunos casos extremos, sociópatas encantados de haberse conocido. Desde Enid Coleslaw y Rebecca Doppelmeyer en Ghost World (llevada en 2001 a la gran pantalla por Terry Zwigoff) a los protagonistas de David Boring, Ice Haven, Mister Wonderful o Wilson. Cambian los escenarios y los nombres, pero las motivaciones, las pulsiones que mueven a los personajes, establecen una continuidad casi inalterable entre los trabajos mencionados.

Estas inquietudes vuelven a ponerse de manifiesto en El rayo mortal (Mondadori), un tebeo que, como tantos otros en la bibliografía de Clowes, se publicó originalmente en Eightball. Este ‘comic-book’, una referencia inexcusable en el noveno arte contemporáneo, alumbró en 2004 la historia de Andy, un adolescente al que la vida no se lo ha puesto fácil. Huérfano de padre y madre, pasa los días en compañía de su abuelo, que tiene un pie en el otro barrio. Acude al instituto con Louie, su único amigo, y como cabría esperarse, ambos son víctimas habituales de matones, gamberros y profesores de gimnasia que se toman su clase demasiado en serio. Por si fuera poco, Andy mantiene una relación a distancia con Dusty, una chica que jamás responde a las múltiples cartas que le manda su supuesto enamorado.

Atrapado en esa broma de mal gusto que llama “existencia”, el protagonista no sospecha cuánto pueden cambiar las cosas por culpa de un mísero cigarrillo. Tras dar sus primeras caladas y adquirir una fuerza sobrehumana, Andy descubre que su padre le inoculó una terapia hormonal experimental que se activa mediante la nicotina, lo que en resumidas cuentas transforma al joven en un superhéroe. “Perfecto, ahora se dedicará a realizar buenas acciones y le encontrará sentido a su vida”. Sí, eso habría sido lo normal en un cómic de Marvel o DC, pero no es el caso que nos ocupa; en realidad, Andy se ve desbordado inmediatamente por sus poderes, que utiliza para maltratar a todos los que antes le maltrataron a él. Y lo que es peor: también a quienes siempre permanecieron a su lado.

Lo que Clowes plantea, de una forma tan sutil como directa, es la incapacidad innata que tenemos las personas para ser felices. Ni siquiera bastan unas cualidades fuera de lo común, porque las utilizaríamos de tal forma que, en última instancia, nos acabarían haciendo daño. Todo es mediocridad, dolor y sufrimiento, y el autor, además, no deja ni un triste resquicio a la esperanza: las primeras páginas del cómic nos muestran al Andy del presente, un cuarentón fracasado que se dispone a narrar su increíble historia. Es decir, que el protagonista ha desperdiciado un don fabuloso y se ha conformado con una rutina gris e insípida, una mustia sucesión de días hasta que llegue el momento de dormir bajo tierra.

En definitiva, nada nuevo bajo el sol de Clowes, pero tampoco es algo que importe demasiado. El rayo mortal nos lleva por los mismos caminos que su dibujante nos ha enseñado una y mil veces, pero no deja de ser un tebeo de primerísimo nivel, al alcance tan sólo de unos pocos elegidos. Sus 48 páginas dejan al lector con montones de preguntas en la cabeza, esperando una segunda parte que probablemente jamás existirá. Pero seguimos pidiendo más, otra ronda de lo mismo, porque nunca es suficiente cuando por medio se encuentra uno de los “repetitivos” cómics de Daniel Clowes.

Texto: Julio Soria