"No creo que Lady Gaga sea un icono o un modelo a seguir"

Nota mental: esta entrevista contiene autorretratos seductores que evocan pulsiones animales. El fotógrafo, que tiene 26 años y se llama Mathieu Grac, también ha querido seducirnos y aparece, cuanto menos, sugerente. El texto, además de descubrirnos a un artista con mucho fondo, nos acerca a su colección “Boyz and Girlz du Net”, que analiza cómo los jóvenes se presentan a los demás en las páginas de contactos. Si te interesa, sigue leyendo. En cualquier caso, curiosear entre las instantáneas siempre es una buena opción.

Imagínate a este chico pero con cara sonriente en el café Dôme de París. 26 años, fotógrafo y diseñador web, masiliense de nacimiento y parisino de adopción. Se llama Mathieu Grac y confiesa que es el típico francés al que le encanta discutir durante horas sobre su obra. Tiene mucho que decir, mucho que transmitir. Su tono de voz es suave pero penetrante, su discurso redundante y desordenado; sin embargo, sus ideas son muy claras: sabe lo que quiere porque antes ha reflexionado largo y tendido sobre ello. Cuando toda su racionalidad verborreica está a punto de desbordarme, llega su risa, redentora como una cascada.

Mathieu era, como tú y como yo fuimos probablemente hace unos años, un adolescente hormonado con mucha sed. Sed de conocer y experimentar. Y tenía una doble pasión: las mujeres y la fotografía. Por ello le encantaba entrar en las páginas web de citas para ver los autorretratos que se hacen las mujeres en los sitios de contactos. A un lado, morritos sensuales, lenguas juguetonas, posturas contorsionistas, fotografías en picado... El narcisismo y exhibicionismo. Al otro lado, Mathieu Grac, con otra pizca pero de voyeurismo, e intentando absorber todo lo posible de cada foto: imaginarse cómo sería la vida de esa persona, cómo se ha hecho la foto, qué objetos y posturas ha utilizado para resultar atractiva, sensual, atrayente... Después empezó a guardar las fotos que más le interesaban y, con el tiempo, extendió su interés a los autorretratos de los hombres. “Clasificar esas imágenes que iba encontrando en este tipo de páginas de citas ha sido parte de mi desarrollo personal”- dice. Llámalo X.

El caso es que se fue dando cuenta de que “muchas actitudes y poses se repetían” y se empezó a preguntar cómo era posible que “la mayoría de las personas, dentro de su individualidad, repitieran exactamente los mismos patrones y formas de ponerse delante de la cámara. ¿Quién dice qué es sensual y qué no lo es? ¿Por qué en algo tan personal como presentarse en público a los demás hay un “mainstream”, una corriente dominante?”. Mathieu llegó a la conclusión de que las imágenes eran símbolos, clichés de sensualidad, de formas repetidas y estereotipadas de seducción. Lo que la mayoría de la gente entiende con atractivo o sensual. Se trata pues de máscaras, identidades virtuales que nos hacen formar parte del grupo, no sentirnos aislados. Y esta conclusión asegura que se puede extrapolar a las redes sociales como Facebook, en las que por lo general nos presentamos a los demás tratando de mostrar el yo idílico y perfecto, o bien el que queremos mostrar a los demás.

Un día Mathieu decidió lanzarse y mostrar el otro lado, se salió de plano y reflejó con sus fotografías las horas de maquillaje o gimnasio, la especial atención al atrezzo de la habitación, la pose estudiada previamente frente al espejo, las contorsiones nada naturales... Todo lo que se hace para que la escena esté a punto para el flashazo decisivo y para el momento en que el trocito de intimidad deje de serlo. Para ello, fue pidiendo a sus amigos y conocidos que posaran para él como si se estuvieran haciendo un autorretrato para colgarlo en un portal de citas. Mathieu recreaba, en la propia habitación de sus amigos, el decorado y la pose sexy mil veces repetida por tantos otros jóvenes. El resultado es su serie Boyz and Girlz du Net, que podéis ver a lo largo de esta entrevista.

El artista habla de lo patético que puede llegar a ser que la gente se venda a sí misma de según qué manera. Me pone el ejemplo del porno: “no ha sido una liberación sexual, sino algo trash, un n´importe quai, un hacer de cualquier manera y sin pensar en las consecuencias... ¡Eso da mucha pena!”- exclama. Me cuenta que, según los códigos de seducción, la mujer siempre tiene que aparecer sexy y el hombre viril. Y es que, en materia de igualdad, asegura que parece que vamos hacia atrás: “por ejemplo, hay una fotografía que he visto cientos de veces: en ella la mujer se coloca en el suelo y enfoca la cámara desde arriba, en un gesto de sumisión. ¡Lo curioso y terrible es que lo hacen ellas por voluntad propia!”- exclama. Y añade: “creo que las ideas del feminismo han ido perdiendo terreno desde hace algunas décadas: la mujer sigue estando abajo, subyugada bajo el objetivo de la cámara, complaciente y seductora”. Como esperando a que llegue el hombre severo a subyugarla o rescatarla. “Es algo que tiene que cambiar”- dice clavando la mirada.

Después de muchos años trabajando sobre esta colección Girlz and Boyz du Net, Mathieu ha llegado a la conclusión de que estamos en la era de la democratización de la red y de la imagen y, por tanto, casi todo el mundo puede hacerse fotos (aunque sea de forma amateur) y colgarlas luego en Internet. “La sociedad ha pasado de patriarcal a normativa y somos nosotros mismos los que nos auto-controlamos, lo cual tiene un punto perverso”- advierte. Ahora todos somos voyeuristas o exhibicionistas-narcisistas, o las dos cosas. Como asegura el documental I am the media, del francés Benjamin Rassat, la red provoca una tentación narcisista y facilita la creación de múltiples identidades buscando “reafirmar la existencia en la fábrica insustancial de la red y en un tiempo de desilusión y soledad”.

Lo peor de todo, dice este artista, es que “ha habido un desplazamiento semántico de los valores y nuestros modelos y referentes ahora se basan en la lógica económica en vez de en la ética. El modelo dominante es superficial y buena parte de la culpa la tiene la americanización, que sitúa al consumismo como la panacea de todos los males”. Esto, dice, lo comprobó cuando estuvo trabajando en Montreal durante un año.
Según Mathieu, este nuevo ritual de ponerse delante de la cámara para presentarse a los demás en las redes sociales o las páginas de contactos, se trata de “un fenómeno de identificación con las estrellas que influye en la construcción de la propia adolescencia. “Los modelos de ahora son los famosos del cine, la música... gente que tiene mucho dinero y cuyo objetivo es ganar más. Los jóvenes ahora sueñan con ser estrellas y se venden como si fueran productos. Nos encontramos ante un nuevo fenómeno generacional de auto-promoción. Ahora todo el mundo se preocupa por pertenecer a un grupo, quiere ser aceptado, las imágenes y las relaciones cibernéticas dominan el panorama en detrimento de las interacciones personales”.

A continuación, entrecierra sus ojos escudriñando los míos y ladea la cabeza en un gesto de infinita empatía. Pero, de repente, se acuerda de Lady Gaga y su cara se descompone en una mueca de asco: “ella tenía un estilo horrible cuando comenzó, nadie apostaba por ella, pero después empezó a vestir de manera extravagante y perturbadora y al final se ha acabado convirtiendo en un fenómeno de masas. No creo que sea un icono o un modelo a seguir, su propósito no va más allá que el de ganar dinero. Y todo ese discurso de apoyar a los diferentes no creo que tenga otro propósito que captar a más fans, los denominados Little Monsters. Esta Lady se olvida de la parte ética y moral y se centra sólo en la individualidad, el dinero y la fama”.

Entonces, ¿qué hacer para no contaminarse con toda esa basura cósmica que nos rodea? ¿hacia dónde ir? ¿a quién seguir? Mathieu nos propone “ralentizar todos los procesos para poder reflexionar mejor sobre las cosas, recuperar la cultura y muchos de nuestros antiguos valores....”. Y quizá esa sea la forma de renacer de nuestras cenizas para reencarnarnos en lo que un día fuimos, no hace mucho tiempo. “Habrá que volver a los clásicos pero sin perder de vista el presente y, sobre todo, el futuro”- se aferra.

Antes de irse, Mathieu asegura que todas estas conclusiones provienen de su crecimiento personal, de sus experiencias. Esboza una sonrisa picarona y continúa: “a pesar de mi carrera de comunicación audiovisual y de mis estudios de fotografía, donde más he aprendido ha sido de la vida”, como todo buen sociólogo. Acaba la frase poniendo morritos, en un gesto repetido hace años ante el espejo. Este chico de 26 años critica y parodia estos nuevos rituales adolescentes; pero al mismo tiempo confiesa que no puede culparles, pues él también ha hecho lo mismo de una u otra manera.

Me guiña un ojo y se pierde entre la gente.

Puedes leer la entrevista completa en Issue*9 / REMERGE

Texto: Clara Medialdea

FOTO DEL DÍA

DISEÑO DEL DÍA

VÍDEO DE LA SEMANA

Ver más...