Nadie sabe dónde caerá el próximo rayo…

Una entre cuatro millones y medio, esas son las posibilidades aproximadas de que te atraviese una poderosa descarga electrostática natural o, lo que es lo mismo, de que te parta un rayo. Pero cuando estás marcado por el destino de nada sirven estos cálculos que se hacen lejanos, impersonales e imposibles; situaciones que para otros son tan familiares como para ti prepararte un café o vestirse cada mañana. Este es el caso del estadounidense Roy Sullivan, que fue zarandeado, nada más y nada menos, que siete veces por un rayo a lo largo de su vida; curiosamente esta no fue la causa de su muerte... El miedo a sufrir un accidente irreversible hizo que, poco a poco, sus amigos y familiares se alejasen de él. Acompañado tan sólo por las tormentas, Roy Sullivan se quitó la vida en 1983.

Como la suya, existen miles de vidas partidas y congeladas, rostros que se ocultan detrás de otros rostros, ojos que ya no miran… Para ellos el miedo no es una sensación esporádica sino una actitud necesaria para sobrevivir; permanecer alerta es lo único a lo que agarrarse cuando la esperanza ha sido arrebatada por un destino injusto.

La experiencia les dice cómo será su futuro, si es que lo tienen, y en él no caben risas, ni abrazos, ni fiestas de cumpleaños.

Hoy te abrimos una puerta a la vulnerabilidad: a la certeza de que habrá un futuro, y a la incertidumbre de no saber si lo viviremos, porque nadie sabe dónde caerá el próximo rayo…

Texto: Marina Domínguez

Fotografías: Robyn Cumming, Allison Díaz, Frederique Daubal, Alex Stoddard y Kristina Lerner.

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