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Ironías Visuales

La Galería Estudio Artizar (Calle San Agustín, 63, en La Laguna, Tenerife) acoge desde el viernes 13 de diciembre la nueva propuesta de los artistas Martín & Sicilia. Déle color al difunto es un ejercicio demoledor de pintura con obras cercanas a la instalación y siluetas recortadas, que destacan del fondo blanco de la pared de la galería o sobre un paisaje de Claudio de Lorena.

“Semejante estrategia sigue siendo, desde luego, romántica  (…), ante
una cultura de reacción (…) se necesita una práctica de resistencia”.

La Posmodernidad. Hal Foster

Las obras de Martín&Sicilia se conforman en el espacio-tiempo. Es decir, sus formas y sus efectos superan la tridimensionalidad del objeto, que no es sólo lienzo o paño pictórico. Hace 18 años estos artistas crearon unos avatares, a semejanza de ellos mismos, como forma de introducirse en sus escenas, en algún episodio  histórico o incluso como encarnación de determinados valores. Estas obras conjuntas se relacionan con acontecimientos reconocibles,  con movimientos artísticos que han supuesto un cambio trascendental, o con el inicio de un paradigma estético. Esta conjugación forma una imagen que se asume como propia de Martín&Sicilia; un lenguaje entroncado con las escuelas pictóricas barrocas en un marco que contiene como fondo el espacio urbano, o  momentos cotidianos en una habitación con vistas al espacio. 

Ésta lógica de la simulación mediante un trasunto o alter ego oculta una realidad que ya no es tal. Es el fin esperado por esta vuelta a los medios pictóricos puros y la combinación con sus potentes instalaciones que lo les caracteriza. Una defensa de este medio en pos de la lucha contra la degradación cultural y social que los artistas asumen como conflicto de gestión de la cultura y la política.

Observando sus obras se pueden seguir dos líneas: un primer análisis superficial, detenido en la calidad técnica, en lo divertido de la representación, así como en su aroma fresco; pero tras una segunda lectura algo más intensa y con un poco más de tiempo invertido se percibe esa ironía ácida a la que Martín & Sicilia nos tienen acostumbrados, y es que son unos maestros de las veladuras lingüísticas. Con esas opciones nos llevamos lo que realmente necesitamos registrar,  y lo que deseamos ver. Una ruptura esquizofrénica del marco espacio-tiempo. Es por esto por lo que su proyecto es profundamente problemático, por lo crítico de su cuestionamiento y por la superación, tras los dieciocho años de trabajo conjunto, de la innovación superflua.

En Dele color al difunto la temática no es tan evidente  como en otros proyectos, pero  existe un aroma de tensión, un equilibrio entre el lirismo e ironía pero, una ironía, muy escondida, como ellos mismos describen. En la sala se percibe una esencia casi religiosa en cuanto a imagen, y laica en cuento a interpretación del castigo cristiano. Obras como El penintente o Déle color al difunto, transitan en torno a la idea del pecado como ruptura del diálogo con Dios, por lo que, a través del acto de contrición, se materializa el arrepentimiento cristiano. Una penitencia que, en Martín&Sicilia, es derribar para luego construir. Se sacraliza esa penitencia mediante el montaje de la obra, que es lo que conforma esa ironía -da a entender lo contrario de lo que expone visualmente, pero sin disimulo- permanente. La creación no es una renta vitalicia, sino que se destruye y se reorganiza. Es un continuo esfuerzo de renovación tanto conceptual como formalmente. Lo que ellos definen como un “ejercicio de demolición de modelos obsoletos (…) que encorsetan tanto a la sociedad como al panorama cultural contemporáneo”. 

Ésta temática no es un línea definida, pero sí la contundencia visual de cada una de las obras que conforman esta exposición. Esa irónica visión sacralizadora es utilizada para describir la situación del mercado laboral, los medios de comunicación y su cinismo, el mundo urbano que se autoexilia hacia el campo en pos de una desintoxicación del capitalismo -Éxodo urbano-. Para Javier Sicilia -todo esto huele a desencanto, no hacia la cultura como algo que ha muerto, sino hacia todo lo que le rodea. Es una visión ácida de todo: de la economía y la política que rodea a la cultura, entendiendo ésta como un campo amplio de expresión social”. Martín & Sicilia no solo critican sino que reflexionan sobre todo lo que está pasando, y siempre hay un mensaje velado, lo que les toca directamente o no “la entrevista a un basurero habla de algo tan actual como la pobreza, pero obviamente nunca llegaremos a la contundencia de los informativos periodísticos. Tampoco es esa nuestra intención-. Hacen un análisis inteligente de lo que les rodea, una exposición de los hechos fría y ascética bajo las secuelas de vivencia, casi a modo de momento pregnante

La pieza del rezo Por el infierno que merecí  tiene evidentes connotaciones religiosas. El sacramento de la confesión supone un acto de responsabilidad, de  aceptación de culpa, por lo que aceptamos  el infierno terrenal que nos merecemos como forma de arrepentimiento quizá, muchas veces, simulado. El rezo es una penitencia, relacionado asimismo con el significado activo de la instalación Déle color al difunto, en la que los artistas en forma de, lo que ellos denominan, avatares que repintan de blanco un paisaje de Claudio de Lorena. De Lorena, como artista barroco, está en un momento clave de la historia, antes de que desaparezca la idea de verdad absoluta renacentista, este artista es la bisagra entre su Paisaje ideal y el paisaje inconmensurable que estaba por llegar en el Romanticismo. Martín&Sicilia lo usan como pretexto para elaborar una acción envolvente, del blanco al paisaje, y de éste,  una vuelta al blanco. Como una especie de penitencia cíclica que soporta el artista, un eterno volver a empezar, siempre partiendo desde la huella.

En El penitente la figura cargada de objetos inicia un camino absurdo. Pues la continua sensación de movimiento, el querer ir cada vez más rápido, es el absurdo de esta sociedad que es nuestro marco vivencial. Hasta que reparamos que esa sensación de rapidez es sólo eso, un estado mental sin desplazamiento alguno y sin llegar a nada en concreto.

En muchas ocasiones, sólo mediante el exceso es posible lograr un avance. Prueba de ello es la opulencia fatídica previa a una crisis social, económica, ideológica…. Un período de decadencia que no es consciente de su absurdo devenir;  por lo que tras asumir la falta de conexión con la realidad se necesita un cambio en forma de salida de cualquier línea que ponga límites. ¿Pero es eso cierto? ¿Sólo excediéndose es posible lograr un avance? No, no es así. En Martín&Sicilia la transgresión continuada de manera formal no es su objetivo. Lo es la aniquilación de una línea cultural que se encuentra en una crisis de valores por su gestión, no por su calidad. Una cultura cohibida por la crisis social, económica y política.

Martín&Sicilia construyen una señalética que se apostilla en el camino del cambio siguiendo una lógica interna en forma de crítica de la representación –una necesidad táctica-. Un corpus de códigos visuales cercanos (televisión, vida, documentalismo…la fatalidad de los realities). Los objetos artísticos en Dele color al difunto son artefactos de perturbadora interpretación. El artefacto como alegoría, sus avatares como representaciones simbólicas del ideario de los artistas. Esas señales son una consideración de todas las  contingencias -algo que puede suceder o no- posibles, mediante el desafío de su narrativa pictórica que veces se desarrolla de forma secuencial –Éxodo urbano-. 

Martín&Sicilia toman el lenguaje posmodernista como conflicto propio de modos nuevos y antiguos, culturales y económicos. Hacen de Déle color al difunto una resistencia estética, un deseo de cambiar el objeto y su contexto social. Sin duda, es una obra en relación a los anhelos  universales y particulares de nuestro tiempo. Todo esto con un análisis romántico, porque no son conscientes de sus propios límites. Como diría  Hal Foster, “ante una sociedad de reacción se necesita una práctica de resistencia”. Alejada del mero shock visual, la estrategia de Martín&Siciia parte de la construcción de unos parapetos en forma de alter ego que circulan por diferentes escenas, o cuya ausencia de ellas  genera un desequilibrio aún más brillante.

Los artistas establecen una deconstrucción crítica de la tradición, no mediante un pastiche de formas kitsch, sino a través de un retorno a los orígenes de la creatividad. Esto es más que una crítica feroz, pues no hay afiliaciones ocultas Las obras no son respuestas superficiales al espectador, son un enmascaramiento,  fuera de códigos herméticos, que, mediante lo lúdico, inserta una certeza de duda.  

DÉLE COLOR AL DIFUNTO. Galería Artizar del 13 diciembre 2013 al 25 enero de 2014.

Texto: Dalia de la Rosa