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Menos mal que nos queda Portugal

Llegar desde España y aparcar a la primera a escasos metros del recinto es para nosotros una novedad, tanto, que hasta mosquea. En menos de diez minutos ya habíamos conseguido nuestra acreditación de prensa, y por sorprendente que parezca, ya nos habíamos reunido con el grupo antes de alcanzar la primera barra.

El recinto lucía como corresponde a la ubicación que lo acogía. El norte de Portugal es verde y el recinto, también. Cuatro escenarios, uno de ellos cubierto, y todo aparentemente listo para acoger a las bandas que habíamos ido a ver y escuchar. El día estaba gris y cayó algún chaparrón que no evitó que el espectáculo se desarrollase con normalidad.

Comenzaron Atlas Sound con su pop contemplativo, aunque para contemplativo el público, que asistía estupefacto con un ojo en el escenario y el otro en el reloj, impacientes por un poco más de chicha que, dicho sea de paso, no llegó con el concierto de The Drums, que ofrecieron un recital descafeinado y soso que no logró conectar con el público que parecía estar allí por otros motivos.

Olvidé citar a Yann Tiersen, que parece no terminar de darse cuenta de que sus conciertos no encajan en los festivales, al menos tal y como están concebidos hoy en día. Mucha instrumentación para quizás el mejor concierto del día, pero lo dicho, que al modo de ver de esta servidora, no encajan en la dinámica de un festival, y la situación se agrava si tenemos en cuenta que el plato fuerte del día lo conformaban Suede y The Rapture, dos bandas a priori arrolladoras.

Comenzó Suede, los reyes del mambo del primer Brit Pop, en un escenario repleto por un público entregado a la banda, que supo corresponder al público con un concierto lleno de energía e himnos que todos esperábamos escuchar desde hacía uno o dos lustros para algunos, y para otros más de dos décadas.

Cogimos algo de aire y después de un cachorrão quente y unas cuantas cañas, llegó The Rapture presentando su último disco “In The Grace of Your Love” y el público enloqueció, especialmente con How Deep Is Your Love, Sail Away y Miss you, cantadas y bailadas como merecían.

Con el sol del viernes llegó Rufus Wainwright y su banda de virtuosos, que ofreció un buen concierto que la gente supo agradecer con su atención, sentada en la hierba del escenario Primavera. Además se reservó un final a la altura de las circunstancias con una versión de Hallelujah que terminó de convencer al respetable.

Acto seguido llegó The Flaming Lips, que parecen negarse a renovar el espectáculo de animadoras y confeti que llevan repitiendo demasiados años ya. En cualquier caso, una gran oportunidad de disfrutarlos una vez más para unos y de quitarse la espinita para otros.

Sin apenas tiempo para nada apareció Wilco que, apoyados en el ingente talento de todos sus integrantes, encajan y destacan donde quiera que se metan. Jeff y sus chicos estuvieron perfectos como siempre y, aunque suene a tópico, hay que destacar la guitarra de Nels Cline en Impossible Germany. Un lujo a fin de cuentas, que solo valoraremos el día que dejen de juntarse para tocar tan habitualmente.

Llegó Beach House y el publico llenó hasta la bandera el escenario cubierto. Un concierto repleto de mística y una interpretación fiel a sus temas de estudio. Tocaron algunos de los temas de Bloom, su nuevo disco, que apenas lleva un mes en el mercado y todo apunta a que será uno de los discos de este año 2012. Mención especial a Norway. Sin palabras.

Para terminar el día, y con el permiso de los djs que amenizaron el cotarro una vez terminados los conciertos, hicieron su entrada M83 con Intro y cualquiera diría que la voz no era la de Zola Jesus. En plena efervescencia comenzaron a sonar los primeros acordes de Steve McQueen para el regocijo de los presentes. Lo mismo sucedió con Midnight City y muchos otros temas. En definitivas cuentas, un éxito con mayúsculas y el colofón a un gran viernes.



Después de un más que merecido descanso, el sábado nos despertamos con ganas de más pero el norte es el norte y la lluvia hizo su aparición. Algo con lo que no contábamos y que tuvo una gran influencia en el desarrollo del festival. Tocaba ver a los Death Cab For Cutie pero parte del escenario estaba inundado y enseguida comenzaron a llegar los primeros rumores de que en dos horas se habría solucionado el problema, pero a la banda de Washington le pareció demasiada espera y decidieron no tocar, se ve que iban con prisa...

La mayor parte de la gente tomó la misma decisión y decidieron ir al escenario cubierto, pero la mitad del recinto estaba inundado y la gente se amontonó en las pocas partes secas. Incomodísimo.

Conseguimos un par de chubasqueros y, con un mosqueo importante, nos dirigimos a escenario donde tocaban Kings of Convenience, que comenzaron con dos guitarras en lo que parecía un concierto acústico. Después, completaron la instrumentación con una batería, dos guitarras más y un violín, que junto con la lluvia, crearon una atmósfera melancólica muy en consonancia con la idiosincrasia del país vecino. Algo así como un fado pero en Noruego y futurista, que conectó con la gente y terminó por sacudir completamente el cabreo anterior y reforzó definitivamente nuestra decisión de aguantar un poco más y no irnos para casa.

Faltaban The XX, pero pesaron más la mojadura y que no tuviesen un segundo disco que mostrar y decidimos poner punto y final al festival conservando el buen sabor de boca de Kings of Convenience que, al final, resultó ser el único concierto del día para nosotros.

En definitiva y teniendo en cuenta que se trata de la primera edición del hermano pequeño del Primavera Sound barcelonés (y aún a años luz de éste), la experiencia ha sido positiva en líneas generales. Hemos podido disfrutar de Portugal y la amabilidad de su gente, y por supuesto de los conciertos. Tanto es así que esperamos que se confirmen los rumores de que ya se prepara una nueva edición del festival para el próximo año.

¡Larga vida al Optimus Primavera Sound!

Texto: Alejandra Álvarez
Fotos: Hugo Lima